jueves, 13 de diciembre de 2012


El silencio.

Reconozco que es un sonido que me es especialmente cercano.
Paso la mayor parte de mi tiempo evitandolo.
Llevo tantos años acostumbrada a su sonido que no siempre me apetece tenerlo cerca. Y más desde que tuve que aprender a vivir sola, porque no es sino un aprendizaje para sobrevivir con uno mismo sin morir en el intento.

Y aquí estoy, evadiendo silencios . Hay veces que lo necesito, lo pido a gritos, no puedo soportar el estrés sonoro y necesito relajarme, silencio, tranquilidad absoluta.

En cambio hay momentos en que me apetece precisamente todo lo contrario, oír gente, oír risas, oír lo que sea pero no quedarme a solas con mis emociones. Hay veces que me gusta jugar en él y con él. Otras veces lo esquivo por aburrido. Hay momentos en que me ayuda a concentrarme y aclarar mis ideas, otras en cambio me marea y confunde de tal manera que no puedo distinguir un pensamiento de otro. Hay veces que se hace el silencio, o provocamos silencios, o rompemos silencios. A veces callo porque no tengo nada que decir, pero otras veces en cambio simplemente me muerdo las ganas por temor a no decir lo correcto.

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